Posteado por: Guadalupe Monge | 21 julio 2011

Argentina sin cenizas. Parte IV

Domingo, 17 de julio. Creo que éste será uno de los cumpleaños más especiales que tendré en mi vida. Celebrarlo a casi 12.000 kilómetros de distancia de donde lo haces habitualmente, merece sin duda un lugar destacado en la memoria de quien escribe.

Una vez más inauguramos el día con las tradicionales medias lunas argentinas, que, a la hora de buscar equivalencias, sería lo mismo que los croissants que comemos en España, con alguna salvedad, claro está, porque cada tierra añade su sello personal. Hay que reponer fuerzas porque nos espera otra larga jornada en camioneta que tiene como destino final Cafayate, localidad conocida por sus famosas bodegas.

En esta Parte IV sobran más que nunca las palabras porque las fotografías que tomamos hablan por sí solas, y cuando hablan quieren transmitir la majestuosidad de los paisajes del Norte de Argentina y su gran belleza.

Desde que comenzamos la jornada empezamos a ascender y el paisaje se llena de montañas que nos van a acompañar a partir de ahora en el camino. Atravesamos los Valles Calchaquíes y vemos las primeras llamas. Nos acercamos sigilosamente por detrás para conseguir hacernos una foto con ellas, no vaya a ser que nos sorprendan y comprobemos que su mala fama está fundamentada.

Tanto en la provincia de Salta, como en la de Jujuy, que visitaremos más tarde, encontramos en la carta de los restaurantes diferentes platos cocinados con carne de llama. Probamos el bife y podemos asegurar que su carne es sabrosa y bastante tierna.

Poco después, se extiende ante nosotros un paisaje plagado de cactus, algo que estamos poco acostumbrados a ver en España. Cactus altos, muy altos, con varios “brazos”, que inundan el entorno y cuya presencia se acaba convirtiendo con el paso de los kilómetros en algo habitual.

Pasamos por Tafí del Valle y por Amaicha, que asegura tener el mejor clima del mundo.

Por la tarde, llegamos a las Ruinas de Quilmes (restos del mayor asentamiento precolombino del país). Aquí nos ofrecen la posibilidad de hacer el recorrido con un guía o lanzarnos a la aventura. Nosotros nos decantamos por la segunda opción y decidimos seguir uno de los caminos trazados en la ladera de la montaña, un camino que a veces se complica, pero que al final nos ofrece la recompensa de un espléndido paisaje y la mejor instantánea que se puede tomar de las Ruinas de Quilmes.

El día acaba en Cafayate, una localidad pequeña, donde la mayoría de las casas tiene tan solo una planta, lo que hace que el pueblo aparente ser más grande de lo que en realidad es. Cafayate es un pueblo acostumbrado a recibir turistas, de hecho, el día de nuestra visita la mayor parte de los alojamientos tienen colgado el cartel de “Completo”. En los alrededores de la plaza principal hay varios restaurantes que ofrecen comida típica, sobre todo rica carne argentina, a un precio muy asequible.

El lunes retomamos nuestra ruta para dirigirnos a Salta, capital de provincia conocida como “La linda”, un sobrenombre que, como comprobaremos después, se ajusta totalmente a la realidad. Los 192 kilómetros que separan Cafayate de Salta nos ofrecen una belleza paisajística difícil de igualar. A ambos lados de la carretera aparecen accidentes geográficos que van tomando formas curiosas, que se asemejan a animales, personas o lugares, y con ese nombre se las ha bautizado.

En algunos casos, los visitantes pueden poner a prueba sus dotes como escaladores (a pequeña escala). En la Garganta del Diablo, por ejemplo, podemos ascender varios niveles hasta alcanzar la parte más elevada que se puede visitar, eso sí, difícil escaparse de ella sin las manos y la ropa manchados por la tierra rojiza. Si la idea es aprovechar al máximo la visita, recomendamos ir provistos de ropa y calzado cómodo. En el caso del Anfiteatro (foto) no escalaremos, pero sí tendremos la posibilidad de comprobar lo que es capaz de esculpir por sí sola la naturaleza.

Este intenso día termina, como dijimos anteriormente, en Salta. Aquí nos alojamos en “La Posada del Marqués”, un hostal muy acogedor y a pocos metros de la hermosa Plaza principal de la ciudad. Salta nos recibe, entre otras cosas, con casas que piden una foto a gritos, con una llamativa catedral construida en 1850 y con un Museo donde podemos ver momias encontradas en la zona.

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