Posteado por: Guadalupe Monge | 18 julio 2011

Argentina sin cenizas. Parte III

Viernes, 15 de julio. Nos subimos de nuevo a la camioneta de Claudio y Cecilia porque otro largo viaje nos espera. Nuestro destino aguarda esta vez a unos 600 kilómetros, es San Miguel de Tucumán, y en concreto, la urbanización Yerba Buena.

De camino atravesamos la provincia de Santiago del Estero. El paisaje resulta monótono y, cuando se ocupa el asiento trasero de la camioneta, cuesta mantener los ojos abiertos. Matorrales, cactus… pasados unos kilómetros, los párpados caen, pero tras varias cabezadas, cuando conseguimos levantarlos nos sorprende una curiosa estampa que se repite durante un largo tramo de carretera. En el arcén vemos niños y más niños que intentan ganarse la vida vendiendo lo que pueden y tienen a mano.

Separados por unos metros, nos encontramos con pequeños que levantan sus brazos mostrando tortugas, otros ofrecen cactus, algunos tienen trozos de madera y los más sorprendentes ofrecen serpientes que han cazado previamente en los alrededores. Cuesta creer que en el terreno que nos rodea puedan vivir familias y familias, pero así es y, como vemos, para sobrevivir todo vale, lo importante es agudizar el ingenio.

Santiago del Estero nos acoge también con un calor que no tiene nada que envidiar al verano español. ¿Invierno? ¿quién habló de invierno en Argentina? Este viernes podemos pasearnos con manga corta con total tranquilidad y sin miedo a resfriarnos.

Más adelante, Tucumán nos recibe con temperaturas suaves que, al día siguiente, se transforman en frescas y aparecen acompañadas por una niebla que embellece nuestras fotos. El sábado volvemos a subirnos a la camioneta, pero esta vez para hacer un viaje corto, el que nos conduce al cerro situado a unos 1.400 metros de altitud.

La primera parada la hacemos en Villa Nougués, una urbanización con un encanto especial, compuesta por hermosas mansiones y en la que también hay lugar para una bonita hostería. Sus dueños nos reciben con los brazos abiertos, porque no suelen recibir demasiadas visitas, y nos amenizan el café con curiosas historias sobre la Villa. Según cuentan, el fundador de la villa era su abuelo, y el abuelo de ambos, porque el matrimonio está compuesto por dos primos segundos que llevan el apellido Nougues.

Después de inmortalizar con nuestras cámaras varios paisajes con las nubes como protagonistas, nuestro camino continúa hasta San Javier. Desde la terraza de un hotel con una ubicación privilegiada, comprobamos la gran extensión de San Miguel de Tucumán.

Los desplazamientos se acaban por hoy. En Yerbabuena nos espera una tarde en familia, la familia de nuestros anfitriones. Y para llenar la mesa y más tarde nuestros estómagos ¿qué puede haber mejor que empanadas de carne o queso, y unas fantásticas tartas de dulce de leche y de “frutillas”?

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