Posteado por: Guadalupe Monge | 28 noviembre 2014

Budapest. Parte I

Budapest era uno de nuestros destinos pendientes, uno de esos lugares de los que siempre oyes hablar pero, por un motivo o por otro, nunca encuentras el momento para ir. Sin embargo, esta vez fue la vencida… Sábado, 22 de noviembre de 2014. Tomamos un avión en el Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas con Ryanair. La verdad es que teníamos pocas opciones porque era la única compañía que nos ofrecía un vuelo directo desde Madrid. Además, salía temprano (6.50 A.M.) y nos permitía disfrutar prácticamente del día completo en Budapest.

Puente de las Cadenas, vista nocturna

En esta ocasión, podemos decir que nos “tocó la lotería” con el vuelo y todo lo que conlleva. Desde que hicimos el Check-in on line y nos dieron gratis prioridad en el embarque y fila 4 (los que hayan viajado con Ryanair ya saben que ese “privilegio” se paga, si no me falla la memoria, con 10 euros), hasta la llegada a su hora en punto, sin olvidarnos de un viaje libre de turbulencias a pesar de las densas nubes que nos iban acompañando durante todo el trayecto. Nunca había viajado en la fila 4… sin duda, todo positivo, y se suma además que en este viaje contábamos con un pasajero de excepción: el presentador de los Informativos de Telecinco, Pedro Piqueras. Él estaba sentado en la primera fila del avión y, como si de la recepción del Rey se tratara, le tocó saludar y aguantar los comentarios de la mayoría de compañeros de vuelo que iban entrando en el avión.

Parlamento, vista nocturnaCasi tres horas después del despegue, aterrizamos en el Aeropuerto Ferenc Liszt de Budapest. Hacemos el recorrido que va desde el avión hasta la terminal andando por la pista por lo que no hay que perder tiempo en ponerse el abrigo, los guantes y la bufanda. El aeropuerto es pequeño, no tiene pérdida. Nos dirigimos directamente a la salida porque no facturamos equipaje y, antes de abandonar el aeropuerto, buscamos un cajero para sacar nuestros primeros florines húngaros (los cajeros nos ofrecen la posibilidad de elegir el idioma con el que queremos operar, entre ellos, el español). Si preferimos la opción de cambiar euros por la moneda local, no tenemos más que acercarnos a cualquiera de las oficinas de cambio que hay en esta terminal. En el momento de nuestra llegada, un euro equivale aproximadamente a 300 florines, pero por lo que comprobamos, esa cifra puede variar dependiendo de la oficina de cambio que se elija.

Toca ahora desplazarse hasta la ciudad… Hay varias opciones: por un lado, el taxi (en el exterior del aeropuerto, hay una ventanilla donde se puede solicitar uno); el alquiler de un vehículo para el transfer (hay varias páginas en internet donde se puede realizar la reserva con antelación y se presenta como una opción muy interesante para grupos a partir de cuatro personas); o la combinación de bus y metro (la más económica). Nosotras elegimos la última de ellas, por lo que nos dirigimos hacia la ventanilla sobre la que hay un letrero de color morado en el que podemos leer “Information and tickets”. Se encuentra en el mismo aeropuerto, cerca de la puerta de salida. Allí compramos el ticket del autobús y el del metro, los dos juntos nos costaron el equivalente a algo menos de dos euros. Aquellos que tengan pensado tomar varias veces el transporte público pueden optar por comprar un billete de 24 horas, de dos o de tres días (con ellos podemos subir al metro, el autobús o el tranvía). Nosotras decidimos patear la ciudad los dos primeros días y el último compramos el billete válido para 24 horas que nos permitió aprovecharlo hasta el regreso al aeropuerto (toda la información sobre los transportes públicos de Budapest la podemos encontrar en la web de BKK).

Parlamento 2, vista nocturnaNada más salir del aeropuerto, nos indican la dirección que debemos tomar para coger nuestro autobús. Desde la puerta de salida, unos metros hacia la derecha, encontramos el autobús 200E. Subimos, validamos el ticket en una de las máquinas que hay en el autobús y tomamos asiento. Casi media hora después, llegamos a la parada Köbánya-Kispest. Es como una especie de intercambiador, hay un centro comercial y varios carteles que señalan dónde podemos tomar otros autobuses y el metro. Nosotros buscamos el letrero que nos conduce hasta la Línea 3 de metro o línea azul. No nos podemos olvidar de validar el ticket del metro en las máquinas que se encuentran a la entrada. Primero, “picar” el billete y luego mostrárselo a los revisores que nos esperan poco antes de tomar las escaleras mecánicas que conducen al andén correspondiente. Importante también tener siempre localizado ese ticket porque a la salida tendremos que volver a mostrárselo a los revisores de nuestra última parada.

Abandonamos el tren después de otra media hora, en concreto, en la parada Deák Ferenc tér. Aquí se entrecruzan tres líneas: la azul (3), la roja (2) y la amarilla (1). El apartamento que hemos reservado está cerca de esta parada por lo que no necesitamos hacer transbordo y seguimos a pie. A través de Booking (después de consultar en Trivago, comprobamos que era la opción más barata), encontramos los Apartamentos K9 Residence. Todos los comentarios que leemos sobre este alojamiento son muy positivos. Le dan una puntuación que supera el 9 y eso, unido a su buen precio (125 euros las tres noches para las dos, lo que sería prácticamente 20 euros la noche por persona), hace que no nos lo pensemos mucho a la hora de hacer la reserva. Además, la ubicación es perfecta: a pocos metros de las principales líneas de metro, a diez minutos de la Iglesia de San Esteban y a quince del Puente de las Cadenas, y rodeado de supermercados que abren todos los días de 8.00 a 22.00 h. (los domingos algunos cierran antes, pero en general tienen un amplio margen para facilitar las compras).

Parlamento 3, vista nocturnaNos liberamos del equipaje y cámara en mano, llega el momento de comenzar la expedición por nuestra cuenta. El primer día no nos resulta demasiado productivo porque viajar en noviembre tiene sus pros (precios más bajos, menos masificación…) y sus contras, y uno de estos últimos es que a las cuatro de la tarde ya es prácticamente noche cerrada en Budapest. Sin embargo, el secreto está en convertir lo que podría ser algo negativo en todo lo contrario y disfrutar del majestuoso espectáculo de luces que nos ofrece esta ciudad. Los húngaros han cuidado con esmero este aspecto y la visita nocturna de los principales monumentos es algo que no podemos pasar por alto.

Como muchos ya sabrán, en la capital húngara se distinguen dos partes separadas por el Río Danubio: por un lado, Buda (la zona donde encontraremos, entre otros edificios, el Palacio Real y la Iglesia de Matías); y por otro, Pest (la zona donde se ubica el famoso Parlamento). Desde Pest, podemos tomar impresionantes imágenes nocturnas del Puente de las Cadenas o del Palacio Real. Y si, como nosotras, llegáis con ganas de andar, podéis acercaros hasta el Parlamento, cuya iluminación hará que no podáis parar de tomar fotografías. Por cierto, un consejo: podéis recorrer toda la orilla de Pest con el tranvía número 2 por el equivalente a un euro, podéis subir en la parada Jászai Mari tér, que se encuentra junto al puente de color amarillo y bajar pasado el Puente de las Cadenas. Es una buena oportunidad para contemplar la noche de Budapest sin gastar mucho.

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