Posteado por: Guadalupe Monge | 19 julio 2016

Venecia y alrededores. Parte I

Góndolas venecianasVenecia bien merece una visita, o dos, o tres si se tiene la oportunidad. Si es verdad eso que cuentan de que algún día desaparecerá bajo las aguas, a mí me gustaría quedarme con su imagen bien grabada en la memoria.

Esta tercera vez en Venecia comienza, como cada viaje, con la planificación del mismo. Después de echar un vistazo a diversas webs de vuelos y a las posibles combinaciones de avión más tren, comprobamos que lo más rentable es viajar directamente hasta el Aeropuerto de Venecia-Marco Polo. Por lo general, ésa no suele ser la opción más económica y muchos viajeros eligen otros aeropuertos de destino como el de Bolonia o Milán, y completan el trayecto final con el tren o el autobús. Sin embargo, al hacer nuestra compra con solo dos semanas de antelación, la diferencia de precio es mínima y nos decantamos por la que se presenta como la más cómoda.

Parada taxi VeneciaNuestro alojamiento se encuentra en Mestre, una ciudad vecina a Venecia por la que optan muchos turistas para ahorrarse una cantidad considerable de dinero. Del Aeropuerto a la Estación de Tren de Mestre hay un autobús que nos lleva directamente por 8€, aunque si se desplazan varias personas, puede resultar más rentable tomar un taxi en los mostradores que se encuentran nada más salir a la terminal de llegadas. Los precios, como ocurre con estas cosas, pueden variar, dependiendo de la picaresca del conductor y de nuestra experiencia en estas lides. Como ejemplo, contaremos que en este viaje que realizamos un grupo de seis personas pagamos la primera vez por el taxi 60€, y la segunda, para tomar el vuelo de regreso, solo nos cobraron 40. En este último caso, el taxi lo reservamos a través del hotel, una opción que recomendamos porque suele ser personal de confianza y, en algunas ocasiones, tienen acuerdos para ofrecer precios más ajustados.

Canal Venecia 1Nuestro hotel en Mestre, el Hotel Adria, lo conseguimos mediante la web de Booking. Cuatro noches con desayuno incluido en habitación doble nos salen por 265€ (atentos porque a ese precio habrá que sumar el impuesto turístico – alrededor de 2,5€ por persona/noche – que lo cobran en el alojamiento el día que lo dejamos).

Este hotel tiene tres estrellas, que, como es habitual, no se corresponden con las que tendría en España, pero es muy limpio, el personal muy amable y tiene lo básico para pasar una corta estancia junto a Venecia. Además, a pocos metros se puede tomar un autobús (el billete sencillo cuesta 1,50€) y, en menos de un cuarto de hora, llegar hasta Piazzale di Roma, en la ciudad de los canales, junto al “polémico” Puente de Calatrava.

Iglesia de San SimeónDesde ese punto y con el mapa en la mano, toca hacer lo que siempre recomendamos cuando se visita una ciudad y, además, acompaña el buen tiempo: patearla, perderse por sus calles y fijarnos en todos los detalles, empapándonos de su día a día. En Venecia es fácil perderse porque hay miles de callejuelas, pero cada pocos pasos encontraremos los famosos carteles amarillos que nos recuerdan el camino que debemos seguir para dirigirnos hacia las principales zonas de interés, sobre todo, la Plaza de San Marcos y el Puente de Rialto.

La ciudad nos invita continuamente a cruzar sus pequeños puentes (cuentan que hay más de doscientos) y a fotografiar las majestuosas fachadas de sus edificios (algunas con aparentes signos de decadencia, pero manteniendo su encanto original).

Fachada

Tras pasear en más de una ocasión durante el verano por las calles venecianas, podemos decir que no hay que temer el tantas veces criticado mal olor de sus canales porque, sinceramente, nosotros no lo apreciamos y apenas se siente en las callejuelas más pequeñas. Y respecto a la masificación en las calles, es cierto que se nota en las zonas más turísticas, como la Plaza de San Marcos o el Puente de Rialto, pero cuando nos alejamos de ellas, podemos caminar sin problemas.

Gran CanalTanto si atendemos las indicaciones de nuestro mapa, como si nos fijamos en los letreros amarillos, llegaremos sin complicaciones a Rialto, un puente que en el momento de nuestra visita se encuentra en obras. Por tanto, nos recibe tapado por una tela que intenta mostrar cuál es la imagen habitual de esta maravillosa construcción. El Puente de Rialto podría recordarnos a otros como el Puente Vecchio de Florencia, ya que a ambos lados alberga tiendas de todo tipo.

No nos olvidamos de los mercados, tanto de pescado como de fruta, que podemos encontrar antes de llegar al puente principal. Sin duda, una buena oportunidad para adquirir productos frescos y de calidad.

Tras recorrer el Puente de Rialto y contemplar el tráfico continuo de las góndolas y barcos que recorren el Gran Canal, nos dirigimos a la Plaza de San Marcos. Allí se concentra la mayor masa de turistas que encontramos en la ciudad, y también allí las palomas campan a sus anchas esperando que les demos un buen banquete.

Plaza San Marcos

Desde esta plaza, tenemos unas maravillosas vistas del Campanile, de la Torre del Reloj y de la espectacular Basílica de San Marcos. La entrada a esta última es gratuita. Simplemente tenemos que esperar la cola que tiene su origen en la puerta situada a la izquierda (si nos colocamos de frente a la Basílica). Podemos recorrer tranquilamente su interior, pero si queremos acceder a la parte superior o visitar el Tesoro, por ejemplo, deberemos comprar la entrada correspondiente.

Puente de los SuspirosSi nos dirigimos hacia el embarcadero, dejaremos a la izquierda el Palacio Ducal y, caminando por el paseo donde atracan los vaporettos y algunas de las cientos de góndolas que recorren los canales, encontraremos el Puente de los Suspiros. Lo que en su día fue parte del camino que recorrían los presos que eran trasladados a los calabozos se ha convertido en uno de los monumentos más representativos de esta hermosa ciudad.

Y para los seguidores de Indiana Jones, una recomendación: acercarse hasta la Iglesia de San Barnaba, en el Campo del mismo nombre. Allí podrán revivir algunas de las escenas más famosas de “La última cruzada”.

Iglesia de San Barnaba

 

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