Posteado por: Guadalupe Monge | 11 abril 2019

Una semana en Jordania

mapa jordaniaEste viaje a Jordania pasará a formar parte, sin duda, del grupo de viajes inolvidables. Han sido muchas las experiencias vividas y tan intensas que será difícil que se borren de nuestra memoria.

Hacía tiempo que teníamos ganas de visitar este país. Habíamos visto fotos espectaculares y habíamos escuchado tan buenos comentarios que esperábamos con emoción que llegara este momento. Y como casi todo lo que se desea mucho en esta vida… llegó.

Durante una semana de mediados de febrero decidimos visitar los sitios más emblemáticos de este país, un país que trabaja por seguir siendo seguro, a pesar de que a su alrededor haya continuos conflictos bélicos (no hay que olvidar que, entre otros, comparte frontera con Siria, Israel e Irak). Nada más pisar Jordania, comprobaremos cómo todo está preparado para garantizar nuestra seguridad. Es normal encontrar militares armados en el aeropuerto o en edificios públicos, y tendremos que pasar por detectores de metales al entrar o salir del hotel o de un centro comercial, además de cuando visitemos los puntos más turísticos.

Foto con la bandera

El propio guía jordano que nos acompaña durante todo el viaje nos informa también de que es seguro salir del hotel al ocultarse el sol y pasear por la capital (Amman), aunque vayamos varias chicas solas. Eso sí, hay que ir concienciadas de que nos pitarán desde su coche cientos de taxistas para ofrecerse a llevarnos, y que más de un conductor sacará su cabeza por la ventanilla para saludarnos, porque no es lo habitual.

Amman

En lo que respecta al dinero, nos recomiendan cambiar la moneda en las casas de cambio que hay en la capital del país. Durante nuestra estancia, por un euro nos dan alrededor 0,80 dinares jordanos.

nivel del marEn Amman pasamos las tres primeras noches. Nos alojamos en el Hotel Days Inn, un cuatro estrellas al que en España le hubiera costado conseguir tres. Aún así, sabemos dónde estamos y somos conscientes de que hay determinadas cosas a las que debemos renunciar porque la valoración de los hoteles no es la misma en un país y otro. Desde nuestro “campamento base” en Amman, visitamos:

  1. El Mar Muerto
  2. El Río Jordán
  3. La Ciudadela y el Teatro Romano
  4. Jerash

cartel mar muerto1. Bañarse en el Mar Muerto es una de las experiencias más curiosas que nos regala este planeta nuestro. Este lugar, que muchos consideran prácticamente un lago, se encuentra a 400 metros por debajo del nivel del mar. La salinidad de sus aguas es nueve veces mayor que la de cualquier otro mar, lo que hace que flotemos con gran facilidad. Además, antes de meternos conviene tener en cuenta los consejos que aparecen recogidos en varias señales situadas cerca de la orilla. Entre otras: no bucear, nadar de espaldas e intentar no mojarnos los ojos o tragar agua. La sensación, advertimos, puede ser muy desagradable.

En el Mar Muerto podemos también cubrirnos con el barro que sacan del fondo los trabajadores de los complejos turísticos que hay en la zona. Por tres dinares jordanos (alrededor de cuatro euros) podemos embadurnarnos con este lodo negro que nos recomiendan no mantener más de quince minutos sobre la piel. Al apartarlo, ésta quedará muy suave. Lo podemos asegurar.

flotando en el mar muerto2. Cerca del Mar Muerto se encuentra uno de los puntos más frecuentados por los peregrinos: el lugar donde cuentan que se bautizó Jesús. Cerca del Río Jordán, hay un centro de visitantes donde van formando grupos porque la visita no se puede realizar por libre.

A medida que nos acercamos al lugar considerado sagrado, vamos viendo cómo diferentes creencias han decidido construir sus templos cerca de este punto. Encontramos iglesias en pie y restos de lo que fueron templos coptos, anglicanos, baptistas, católicos o armenios. Curioso comprobar cómo la religión, causa de tantos enfrentamientos, tiene tanto en común…

templos cerca del río jordán

Para llegar al lugar donde se bautizó Jesús hay que recorrer un camino rodeado de vegetación, solitario, que invita al encuentro con uno mismo, un camino que nos permitirá ver escenas que nos trasladan a otra época, como la de una señora que lee la Biblia con la única compañía de un gato.

señora con biblia

Siguiente parada en el lugar donde Jesús recibió el Bautismo. Es una especie de piscina en forma de cruz. En el siglo VI se construyó una escalinata de mármol para llegar al río y varias iglesias bizantinas, de las que solo se conservan los restos.

bautizo jesús

Llegamos al lugar donde el Río Jordán hace de frontera entre Jordania e Israel. Un pequeño embarcadero de madera permite a los peregrinos meter sus pies en el río sagrado y bautizarse si así lo desean. Todo ello bajo la atenta mirada de un soldado que, metralleta en mano, hace guardia para que nadie cruce ilegalmente la pequeña distancia que separa los dos países.

río jordán

Quien lo desee, puede también llenar con total tranquilidad sus botellas con agua de este río.

3. En la parte antigua de Amman es visita obligada la Ciudadela. Esta ciudad grecorromana se construyó en una de las colinas sobre las que se asienta la capital jordana. Una de las imágenes más representativas de este recinto es la que componen los restos de lo que fue el Templo de Hércules. Desde la Ciudadela conseguimos una de las mejores panorámicas de Amman.

En la parte baja, accedemos al Teatro Romano, donde hoy en día se celebran también conciertos. Dentro del recinto encontraremos, además, el Museo de las Tradiciones y el del Folclore.

4. Jerash o Gerasa es uno de los lugares que uno no se puede perder cuando visita Jordania. Se encuentra a algo más de una hora en coche de la capital del país, en el noroeste. Fue una de las ciudades romanas más importantes del Próximo Oriente y formó parte de la Decápolis, grupo de diez ciudades de la frontera oriental del Imperio Romano. Aquí podríamos pasar días y días, intentando captar la belleza de este lugar, pero como no es posible, nos conformamos con pasear por algunas de sus calles y conservar en nuestras cámaras los puntos más impactantes, como el Arco de Adriano, los Teatros Romanos, el Ágora o el Cardo Máximo.

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Tras la visita a Jerash y de vuelta a Amman nos acercamos al Castillo de Ajlun, una fortaleza que se levantó en 1185 y fue reconstruida en el siglo XIII por los mamelucos, después de que los mongoles arrasaran con ella. Este castillo de la época de los cruzados está situado en lo alto de la montaña y nos ofrece unas hermosas vistas.

fortaleza ajlun 1

Dejamos nuestro hotel en Amman y nos dirigimos hacia Petra, pero antes nos esperan varias paradas. La primera es la localidad de Madaba. Allí se encuentra la Iglesia de San Jorge, que alberga el mosaico bizantino que representa todos los territorios bíblicos.

mosaico

Continuamos el trayecto y llegamos hasta el Monte Nebo, desde cuya cima cuentan que Moisés divisó la Tierra Prometida. En este lugar, encontraremos también una iglesia que recuerda al Profeta y que alberga diferentes restos arqueológicos hallados en la zona.

monte nebo

Antes de llegar a Petra, visitamos el Castillo de Shobak, anteriormente conocido como Montreal o Mont Real. Es una fortaleza de los cruzados en el lado oriental del valle del Aravá. Fue construido en el año 1115 y, a pesar de las precauciones que tomó su creador, que levantó una fortaleza con triple pared, el castillo cayó en manos saladinas 75 años después de su construcción.

PETRA

Amanecemos en la que es para muchos la joya de la corona de Jordania: Petra. Descorremos las cortinas de nuestra habitación y éstas son las vistas desde nuestros ventanales…

vistas desde el hotel

Por mucho que nos hablen de Petra y muchas fotos que veamos, cuando accedes a esta ciudad perdida, todo te deslumbra. Caminando por el Siq no sabes hacia dónde dirigir tu mirada, cualquier punto te llama la atención, hay riesgo claro de sufrir tortícolis… Cuando piensas que has visto la forma tallada en la roca más curiosa que existe, vendrá una después que te sorprenderá aún más. Difícil describir tanta belleza con palabras, por eso hemos preparado este pequeño vídeo:

El vídeo finaliza en el Monasterio, uno de los puntos más fotografiados de Petra. Para llegar hasta él, hay que subir más de trescientos “escalones”, y lo ponemos entre comillas porque más de uno ha perdido ya por completo su forma. Pero esta ciudad es mucho más. De hecho, venden entradas para visitarla durante varios días y descubrir otros rincones y miradores, a cuál más impresionante.

petra by nightCuando anochece, nos acercamos a ver el conocido como `Petra by night´, pero después de probar la experiencia, tenemos al menos que poner en duda que merezca la pena hacerlo… Desde nuestro punto de vista, no es tan sorprendente como nos lo muestran las fotografías que podemos ver en cualquier guía, o dicho de otro modo, no es tan fácil conseguir ese tipo de perspectivas. La explanada de la Puerta del Tesoro, lugar donde transcurre el “espectáculo” que preparan para el visitante, se llena literalmente de gente y apenas queda hueco para sentarse. Los beduinos preparan una actuación de pocos minutos, que se desarrolla entre las velas esparcidas por el suelo, y reparten vasos de té entre los asistentes. Poco después, tras dirigir los cañones de luces de colores hacia la Puerta del Tesoro, nos invitan a abandonar el recinto.

El día siguiente nos trae nuevas experiencias. Será el día en que llegaremos al desierto de Wadi Rum, pero antes, paseamos por la que han llamado la Pequeña Petra. Su nombre lo dice todo…

DESIERTO DE WADI RUM

Despedimos este viaje en uno de los lugares más espectaculares que hemos visitado hasta el momento. Estando allí, se entiende perfectamente por qué muchos directores lo eligieron como escenario de sus películas. El desierto de Wadi Rum aparece en Marte (2015) y Prometheus (2012), de Ridley Scott; también en Lawrence de Arabia (1962), de David Lean; y en muchos otros títulos. Para conocerlo mejor, recomendamos subir a un 4×4, aunque corráis el riesgo de salir volando porque los conductores no andan con contemplaciones a la hora de pisar el acelerador.

Los guías beduinos conocen este desierto como la palma de su mano y ellos nos llevarán a los puntos más llamativos, sobre todo rocas con formas curiosas, que el tiempo y el viento han ido puliendo. Y para despedir la jornada, nada mejor que contemplar la puesta de sol. Eso sí, abrigaos bien, porque no es un tópico y las temperaturas bajan en el desierto de forma sorprendente.

En la visita a Wadi Rum, es habitual pasar la noche en un campamento. Los hay de varios tipos y como los hoteles, de varias categorías. Si nunca habéis estado, no os imaginéis la típica jaima que aparece en las películas. Éstas son auténticas habitaciones de hotel, con cuarto de baño propio.

Algunas jaimas nos permitirán hacer una especie de viaje por el espacio y sentirnos como si estuviéramos en una cápsula que acaba de aterrizar en Marte.

jaimas modernas

En la mayoría de los campamentos, las comidas se hacen en las zonas comunes y es habitual que vayan seguidas de fiestas en las que se baila al ritmo de música típica de la zona.

desierto 2

Llegados a este punto, toca cerrar este relato. Es ya un tópico, pero podemos asegurar que… volveremos.

 

 

 


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