Posteado por: Guadalupe Monge | 10 julio 2012

Países Bálticos. Parte IV

Letonia tiene un gran patrimonio natural. Miles y miles de pinos se levantan a ambos lados de cada carretera, de cada camino, y no solo pinos, también robles y tilos. Un vivo ejemplo de esa riqueza verde es el Parque Natural de Gauja en los alrededores de Riga.

Nosotros no tenemos tiempo para hacer los recomendados paseos a pie por la zona, por eso, nos limitamos a visitar la gruta del Parque Natural de Gauja. Ellos, los letones, la llaman así, aunque si la comparamos con otras grutas que ya conocemos nos dará la impresión de que son demasiado generosos con este monumento natural. Tanto las paredes como el techo son de arena y debido al agua subterránea, se han reblandecido y ahora acogen la huella de aquellos que han querido convertirse en parte de la historia.

Dentro de los límites de este parque, también visitamos Turaida, una localidad que cuenta entre sus maravillas con una iglesia luterana y un castillo. Sin embargo, y sin ánimo de menospreciar estas construcciones, el verde de la vegetación de esta zona sigue acaparando la mayor parte de nuestra atención.

Nos dirigimos ahora hacia la capital de Estonia, Tallin, pero por el camino nos detenemos en la playa más famosa del país, la de la localidad de Pärnu. De nuevo, volvemos a encontrarnos con una playa amplia, donde apenas cubre y, eso sí, llena de personas ansiosas por disfrutar al máximo de sus dos únicos meses de verano. De hecho, nos cuentan que con el mes de septiembre suele llegar el mal tiempo y, poco después, es habitual recibir las primeras nieves.

Aún nos faltan unos kilómetros para alcanzar nuestro destino, así que nuestra parada en Pärnu es breve. Además de pisar su playa, recorremos las calles de este pueblo que presenta un estilo muy diferente a los lugares que hemos visitado hasta ahora. Casas de alegres colores, iglesias y restaurantes que nos van introduciendo en la estética medieval de la que Tallin es en este país su principal exponente.

Finalmente, llegamos a la capital estonia. Nuevas construcciones pueblan los alrededores de esta ciudad de cerca de 400.000 habitantes, pero cuando la recorremos andando, llega un momento en el que nos encontramos de golpe con su impresionante muralla y tras pasar por una de las puertas… ¡sorpresa! retrocedemos de golpe varios siglos y nos sentimos inmersos en una película de época medieval. A ello contribuyen también en gran medida los grupos de actores ataviados con ropa de época que desfilan por sus calles representando escenas de la que sería en otros tiempos su vida cotidiana.

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