Posteado por: Guadalupe Monge | 3 noviembre 2013

Tirol y Baviera. Parte I

Agosto de 2013. Nuestro viaje comienza en la ciudad alemana de Munich. Llegamos al aeropuerto y de camino al hotel (Holiday Inn Munich Center) pasamos por el colosal estadio Allianz Arena. A pesar de haberlo visto tantas veces en televisión, impacta tenerlo tan cerca.

Nos cuentan que el estadio lo construyó la empresa aseguradora que le puso nombre y que en él juegan los dos principales equipos de Munich: el Bayern y el Munich 1860. Cuando juega el primero, el estadio se ilumina de color rojo; si lo hace el segundo, las luces serán azules; y si los que juegan son otros equipos, solo lo veremos iluminado de blanco.

Munich es la tercera ciudad de Alemania, después de Berlín y Hamburgo, y dicen que una de las más seguras. Destaca sobre todo por su riqueza, de hecho, aquí tienen su sede las grandes empresas automovilísticas alemanas y algunas de las compañías de seguros más importantes. Todo eso hace que haya tan solo algo más de un 4% de Paro, porcentaje más que envidiable si lo comparamos con el de España.

La zona más turística de Munich la podemos recorrer a pie. El centro histórico es peatonal y concentra en poco espacio el viejo y nuevo Ayuntamiento, la catedral y otros destacados edificios como el Teatro de la Ópera o el Palacio de la Residencia.

Si llegamos desde el río Isaar, la Isaardor nos da la bienvenida al centro de la ciudad. El viejo Ayuntamiento es ahora el Museo de los Juguetes y se encuentra en un lateral de la famosa Marienplatz o Plaza de María, donde encontramos también el nuevo Ayuntamiento.

A pocos metros de la Plaza está la Iglesia de San Pedro y, a su lado, el mercado al aire libre donde encontramos todo tipo de pan, quesos, frutas, verduras y flores. Además, aquí está el Árbol de Mayo de la ciudad, una especie de baluarte, donde aparecen las profesiones y lugares típicos de la ciudad para que los visitantes de otras épocas que no sabían leer supieran qué podían encontrar en esa villa.

Andamos unos minutos, partiendo de la plaza principal, y llegamos a la catedral, cuya fachada están reformando en el momento de nuestra visita. No es necesario pagar para entrar y su interior destaca sobre todo por su austeridad.

En la zona centro, podemos acercarnos a la Plaza de Maximiliano I, Rey de Alemania, donde encontramos la estatua del monarca sentado. En un lateral, el Teatro de la Ópera y, a su lado, el Palacio de la Residencia.

A lo largo y ancho de la ciudad también veremos numerosas zonas verdes donde los alemanes practican uno de sus hobbies favoritos: ir de pic-nic.

La siguiente parada la hacemos en el Castillo de Neuschwanstein, una de las joyas de Baviera, que atrae a miles de turistas de todas partes del mundo deseosos de ver de cerca el castillo que sirvió de modelo para el de “La Bella Durmiente”.

El también llamado Castillo del Rey Loco es conocido por estas tierras como el Castillo del Rey Romántico o del Rey del Cuento de Hadas. Cuentan que Luis II creó el castillo que él mismo imaginó, y que tiene su origen en su pasión por la lectura. El Rey Romántico decidió construir el castillo en un paraje de gran belleza: los Alpes alemanes, donde solía pasar algunas temporadas con su familia en un castillo que aún se conserva, aunque ahora está en manos privadas.

Muy criticado en su momento, el Castillo de Neuschwanstein se ha convertido en la principal fuente de ingresos de la zona. A su alrededor, se han construido hoteles, restaurantes, zonas de acampada… Visitarlo implica un ritual que debe ser estudiado de antemano si no queremos llevarnos sorpresas de ultima hora.

Si llegamos en coche, debemos tener en cuenta que tendremos que dejarlo en uno de los aparcamientos de la parte baja, cerca de donde se compran las entradas. Las colas son habituales tanto para hacernos con las entradas (recordemos: en la parte baja y no en la puerta del castillo) como para tomar el autobús que nos lleva al castillo (1€).

La subida podemos hacerla también a pie, ya que hay un sendero bien señalizado que nos lleva a nuestro destino en unos veinte minutos.

Si queremos hacernos la típica foto con este castillo de cuento detrás, tendremos que subir a pie durante unos minutos, una vez que bajemos del autobús que hace el trayecto hacia el castillo.

En la visita al interior de esta fortaleza es necesario respetar escrupulosamente el horario que nos han asignado, ni antes ni después. Dentro nos entregarán una audioguía que nos explicará sala a sala la forma en la que este rey romántico plasmó sus sueños, que desde luego, como podrán comprobar los que se acerquen hasta este castillo, no fueron pocos.  El recorrido por sus salas, para bien o para mal, no dejará indiferente a nadie.

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