Posteado por: Guadalupe Monge | 26 agosto 2015

Noruega y sus fiordos. Parte II

Crucero 1En Noruega amanece pronto. Bendita época del año ésta para los que viven en estas tierras porque es cuando pueden disfrutar del día completo. Dentro de poco, llegará el crudo otoño y se irán marchando las horas de luz. Aquí, como suele ocurrir en los países del Norte, la mayoría de las casas tienen grandes ventanales y apenas hay persianas. Y es que, como dice nuestra guía: aquí a nadie le importa lo que ocurre en la casa de los demás.

Después de desayunar, nos dirigimos hacia el puerto de Stavanger para tomar el barco que nos va a llevar de crucero por el Fiordo de la Luz. Indispensable en esta etapa llevar ropa de abrigo, sobre todo, si queremos subir a cubierta. No podemos olvidarnos de llevar una chaqueta que nos proteja de las fuertes embestidas del viento que llegan cuando el barco toma velocidad.

Crucero 2Durante el trayecto, es imposible estar parados, hay que moverse de un lado a otro del barco, en función del paisaje y la fauna que se nos va presentando. De hecho, tenemos la oportunidad de ver focas e incluso cabras que esperan en las rocas con ilusión la llegada de nuestro barco y, más que nada, del pan que les lanza nuestro Capitán. Se nota que las tiene casi domesticadas.

Desde el barco, disfrutamos de las impresionantes vistas que nos ofrecen las cascadas que caen por estas montañas y, cómo no, de uno de los monumentos naturales más conocidos, si no el que más, de Noruega: el Preikestolen. Desde el agua, la imagen que nos muestra el famoso Púlpito nada tiene que ver con la que estamos acostumbrados a ver.Crucero 4 Tan solo apreciamos un pequeño saliente en la roca que, si no fuera porque nos lo indica nuestra guía, habría pasado totalmente desapercibido para nuestros ojos.

Tras este paseo en barco de aproximadamente dos horas, llegamos a un embarcadero donde nos espera el autobús que nos va a llevar hasta el Campamento Base desde el que parte la ruta a pie que conduce al Preikestolen. Nos han avisado bien y de forma insistente: el camino es duro, muy duro. Y no han faltado las recomendaciones: llevar ropa muy cómoda, botas de montaña, agua, frutos secos y cualquier otro alimento que nos dé energía de forma rápida.

Otra buena recomendación es que cada uno debe llevar su propio ritmo. Estiman que los 4 kilómetros que tiene el trayecto se pueden hacer en algo menos de dos horas, pero en el tiempo final influirán un sinfín de factores, empezando por el número de personas que, al igual que nosotros, se han lanzado a vivir esta experiencia. Es absolutamente llamativo el río humano que se puede llegar a formar un día de temporada alta en Preikestolen 2esta zona, y más caudaloso aún cuando coincides con los pasajeros que llegan en un crucero de los muchos que se realizan en los fiordos.

El trayecto nos va ofreciendo una gran variedad de paisajes y un perfil también muy diverso. Hay pronunciados ascensos en los que subimos por grandes pedruscos y algunos paseos sobre tablones colocados estratégicamente sobre los tramos en los que la tierra está más húmeda. Hay que ir pendiente continuamente del camino y de los caminantes que hacen el trayecto en sentido contrario, pero no hay que dejar de contemplar las maravillas que todo el recorrido nos va presentando: bosques, lagos, vegetación… imágenes de cuento que nos permiten en muchas ocasiones olvidarnos de la fatiga que sienten nuestras piernas.

Preikestolen 3Durante el recorrido, hay tiempo también para la emoción. Impresionante una imagen que será difícil que lleguemos a olvidar: la de un grupo de siete u ocho jóvenes que portaba por esos caminos imposibles una camilla sobre la que iba su amigo paralítico. Él no pudo cumplir su sueño de subir al Preikestolen a pie, pero subir, subió, y lo hizo rodeado de la enorme generosidad de unos chicos que demostraron quererle mucho y que no se rindieron ante circunstancias muy adversas.

Tras horas de intensa caminata, al divisar la meta, confluyen sensaciones de todo tipo, pero la alegría del objetivo cumplido es tan grande, que apenas se nota el cansancio. En la parte más alta, el corazón bombea más rápido. Impacta acercarse al límite de la roca y ver de cerca la caída hacia el fiordo. Algunos se aproximan reptando, otros se sientan… sea como sea, se pide máxima precaución para no tener que lamentar hechos tan desagradables como el que hace solo unos años protagonizó un español deseoso de conseguir la foto más espectacular. La noticia de su caída dio la vuelta al mundo. Es muy importante tener en cuenta que a veces se acumulan un gran número de personas y que el viento sopla con mucha fuerza a esta altura (más de 600 metros), por eso, nosotros debemos ser los encargados de ponernos nuestros propios límites.

Preikestolen 1

Tras varios minutos en lo alto del Púlpito, emprendemos el camino de regreso con la cámara repleta de imágenes que permitirán mantener viva esta impresionante experiencia. Durante el descenso, hay menos “compañeros de viaje” y el trayecto se hace más llevadero. Una vez que llegamos al Campamento Base, solo falta subir de nuevo a nuestro autobús y regresar a Stavanger. Lo hacemos con las piernas cargadas, bloqueadas por el cansancio, pero nuestra mente no para, porque lo que hemos vivido no se olvida así como así.

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