Posteado por: Guadalupe Monge | 25 mayo 2016

Puente de mayo en Roma. Parte II

Papa Francisco 1Domingo, 1 de mayo de 2016. Casi sin planearlo, decidimos empezar el día donde acabamos el anterior: en la Plaza de San Pedro. Allí, cada domingo, a las 12.00h., el Papa Francisco aparece en una de las ventanas del edificio contiguo y reza el Ángelus, además de pronunciar unas palabras sobre los problemas que enturbian la actualidad mundial. Comprobamos así, en primera persona, cómo para el Pontífice no hay ningún tema tabú, y de su boca salen mensajes relativos a los refugiados, a los abusos a menores, y a tantos otros asuntos que a ninguno nos agradaría tener que escuchar, pero que tristemente, están ahí. En la Plaza de San Pedro, se viven momentos emotivos, entre cientos de personas llegadas de todo el mundo, que guardan silencio para escuchar el discurso del Pontífice.

Después, decidimos unirnos al “río humano” que se forma para visitar la Basílica de San Pedro. Como ya explicamos, optamos por tomarnos esta escapada a Roma como un “paseo por la ciudad”, por lo que apenas entramos en los edificios. Sin embargo, este “río” de La Piedadpersonas se mueve rápido y, en solo unos minutos, logramos atravesar una de las puertas principales y situarnos frente a una de las grandes obras de arte que guarda la Basílica:
La Piedad de Michelangelo.
Esta imagen te invita a mirarla fijamente, examinando cada pliegue e imaginando cómo puede ser posible que algo tan duro como la piedra pueda adquirir tanta vida.

Cada esquina de San Pedro nos hace detenernos, pero el poco tiempo que tenemos tira también de nosotras hacia fuera. Nuestras cámaras se despiden de la Basílica con la tradicional fotografía a la Guardia Suiza y emprendemos de Guardia Suizanuevo el camino, esta vez por la margen del Río Tiber opuesta a la que recorrimos el día anterior.

Pasamos por el Castillo de Sant´Angelo, nos quedamos maravilladas con los curiosos edificios que encontramos a nuestro paso y, una vez que llegamos al puente de Regina Margherita, lo cruzamos y nos dirigimos a la Piazza del Popolo. Cerca de esta concurrida plaza, encontramos un mirador desde el que podemos conseguir una de las mejores panorámicas de la ciudad: el Pincio. Para alcanzarlo debemos subir varias decenas de escalones, aunque ese ascenso, sin duda, merece la pena.

Vista desde Pincio

Después, nos encaminamos hacia otra de las estampas más famosas de Roma: la Piazza d´Espagna. Lástima que el día de nuestra visita nos recibe protegida por varias vallas e Plaza de Españaincompleta, ya que al parecer, algunas partes de la fuente han sido retiradas para someterlas a algún tipo de limpieza o reparación.

Y no podía faltar en esta escapada romana la visita a uno de los barrios más famosos: el Trastevere. Es una de las zonas más animadas de la ciudad. Los artesanos dan colorido con sus obras a estas calles en las que se respira mucha vida. Es, desde mi humilde opinión, uno de los sitios más recomendables para sentarse tranquilamente y disfrutar de la riquísima comida italiana porque, además, hay precios para todos los bolsillos.

Y así, con el estómago lleno, nos damos cuenta de que ha llegado la hora de regresar a nuestro hotel. Una vez más lo hacemos en tranvía. El camino de regreso es largo, pero disfrutar de Roma por la noche también es un regalo.

Trastevere

Lunes, 2 de mayo de 2016. Llega el momento de emprender el camino de vuelta a España. Nuestro vuelo parte del Aeropuerto de Roma-Fiumicino a las 12.35h. o, al menos, esa es la previsión. La realidad, como nos ocurrió con el vuelo de ida, será bien distinta.

Aunque con un poco de retraso, nos permiten subir al avión y ocupamos nuestros asientos. Unos minutos después, nos comunican que hay un problema mecánico y que despegaremos con retraso. El anuncio se repite al menos tres veces hasta que, finalmente, nos informan de que el vuelo ha sido cancelado y ese aparato no podrá despegar porque necesita una reparación que solo pueden realizar mecánicos que tienen que llegar desde Madrid. Ocurre con poca frecuencia que un vuelo tenga que ser cancelado, pero que esa situación se repita dos veces en el mismo viaje…

Aeropuerto FiumicinoEsta vez nos “invitan” a bajar del avión y acercarnos al mostrador de la compañía (Iberia) para intentar que nos reubiquen en algún futuro vuelo con destino Madrid. Sin perder un minuto, nos dirigimos al lugar indicado y, por una vez, tenemos suerte y nos entregan tres de los últimos billetes que quedan para el vuelo de las 15.40h. Miramos nuestros relojes y comprobamos que tenemos el tiempo justo para echar a correr en busca de la puerta de embarque. No hay tiempo para comprar algo de comida, ni para hacer una parada en los aseos… nuestro principal objetivo ahora es subir al próximo vuelo.

Lo conseguimos, ya estamos sentadas, en los asientos de las últimas filas, pero sentadas, que es lo importante. El avión está a punto de despegar y la vista se va sola hacia la carta de los productos para comer que ofertan durante el vuelo. Tenemos por delante dos horas y media, y esperar hasta las seis para llevarse algo a la boca se presenta como una opción poco deseable. Sin embargo, nuestro gozo acaba en un pozo cuando una de las azafatas se dirige a nosotras y nos dice con delicadeza: Lo sentimos, pero no podremos ofrecerles ningún tipo de bocadillo o sandwich. No hemos recargado los productos de la carta porque este vuelo no estaba programado para tantos pasajeros. En fin, toca esperar…

 

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