Posteado por: Guadalupe Monge | 18 septiembre 2016

Japón. Parte IV

mercado-1El día que amanecemos en Takayama ponemos el despertador bien temprano. Nos han dicho que merece la pena visitar el mercado y no queremos perder la oportunidad de hacerlo. Además, es una buena forma de disfrutar del fresco de la mañana, antes de que el calor y la humedad, típicas de este mes de agosto, empiecen a hacer de las suyas.

Y es que hasta ahora hemos hablado poco del tiempo que caracteriza el verano japonés. Mucho se puede leer por ahí sobre lo duro que es y lo que dificulta el turismo. Es cierto, no podemos negarlo. Sin embargo, llega un punto en el que te acostumbras a las circunstancias y el espectacular entorno hace que esas condiciones pasen a un segundo plano. Además, siempre podemos optar por la técnica japonesa de salir a la calle con una toallita que, mojándola cada cierto tiempo, nos ayuda a sobrellevar las altas temperaturas y, ante todo, la intensa humedad.

mercado-2

El Mercado de Takayama apenas ocupa una calle, pero a lo largo de ella nos invita a detenernos continuamente. Es curioso ver cómo trabajan los artesanos, observar los precios tan elevados que tiene la fruta (un solo melocotón puede superar los 2€), o pararnos a contemplar las jaulas de grillos que se venden en algunos de los puestos. Tanto éstos como los escarabajos rinoceronte son adquiridos como mascotas y es habitual verlos en más de un puesto callejero.

Takayama celebra uno de los Festivales más famosos de Japón, el Takayama Matsuri. Es considerado uno de los tres más espectaculares del país, junto con el Gion Matsuri de Kyoto y el Chichibu Yomatsuri, en la prefectura de Saitama. El de Takayama tiene una versión en primavera (Sanno Matsuri, 14 y 15 de abril) y otra en otoño (Hachiman Matsuri, 9 y 10 de octubre). Si visitamos esta ciudad en otro momento del año y no podemos asistir al multitudinario desfile, podemos ver algunas de las espectaculares carrozas que recorren las calles en el Takayama Yatai Kaikan.

El Museo de las carrozas está ubicado junto al Santuario Sakurayama, un edificio construido, principalmente, en madera y rodeado, como suele ser habitual, por unos cuidados jardines.

santuario-sakurayama-1

santuario-sakurayama-2

La ciudad de Takayama es conocida también por sus antiguas casas de madera, todas alineadas y de la misma altura.

takayama-calle

Las calles de esta ciudad sorprenden, además, por su limpieza. Desde que llegamos al país nipón es algo que nos llama la atención. Apenas hay papeleras, pero rara vez veremos un papel en el suelo. De hecho, la guía que nos acompaña nos recomienda que cualquier desperdicio lo guardemos en una bolsita de plástico dentro de nuestro bolso o mochila, para tirarlo en cuanto encontremos algún contenedor.

perros-carritoEsta sorprendente pulcritud nos lleva a contemplar escenas curiosas como la de algunas personas que sacan a pasear a sus perros y, cuando hacen pipí en alguna columna, enseguida sacan de su bolso una botella de agua (en una ocasión, vimos a una señora con una regadera) y limpian la zona “afectada”. Aquí no se encuentran demasiadas mascotas por la calle, pero las pocas que vemos presentan un aspecto inmejorable y se nota que son tratadas con mucha delicadeza. Tanto es así, que más de una vez comprobamos cómo las pasean en carritos como si de bebés se tratara.

Dejamos Takayama y nos desplazamos hasta Shirakawago, aldea declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1995.

shirakawago-panoramica

Son propias de este lugar las casas conocidas como “gassho-zukuri”, de gran altura, construidas en madera y con un tejado triangular hecho de abundante paja, que protege la vivienda de la nieve que cae en esta zona en los duros meses de invierno.

La mayoría de estas casas rurales alberga ahora tiendas o restaurantes, y alguna se ha preparado como museo, por lo que podemos recorrer todas las estancias y subir al piso superior para ver la otra cara de estos curiosos tejados de paja. Una de estas casa-museo es la vivienda de la familia Wada, una de las familias más influyentes de la aldea. Cuentan que esta shirakawago-4“gassho-zukuri” es la más grande y se puede acceder previo pago de algo más de 3 € (300 yenes). Para entrar y recorrer su suelo de tatami es necesario descalzarse antes. Dentro, entre otras curiosidades, encontraremos un recipiente con gusanos de seda, y es que, hace años, la cría de estos animales era una actividad habitual en la zona.

 

 

 

 

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